Sí señor, algo imprescindible para cualquier, detective, la capacidad de camuflarse con el entorno como si de un habilidoso camaleón te tratases, o también una opción para hacerte pasar por
otra persona; un buen vestuario, pelucas, bigotes falsos, maquillaje, sombreros...
Y el maestro de este arte, es Holmes (eh..relativamente) incluso parece que disfruta cada vez que le toca meterse en la piel de un anciano, un mozo de c
uadras, o una anciana mujer, un tal capitán Basil, un clérigo... incluso, según Watson interpreta a su personaje a la perfección, es mas, debido a su pasado como actor, Holmes tiene una pequeña tendencia a sobreactuar, y el Holmes de Brett es una buena muestra de ello.
Realmente es divertidísimo ver como Watson (entre otras víctimas) pone ca
ra de pasmo al ver aparecer a Holmes así como por arte de magia, además es que Sherlock escoge el momento exacto para sorprender al pobre doctor, en su retorno de las cataratas...Watson llega a desmayarse...
Ahí van algunos ejemplos...¡a tomar nota!
Primero, en El signo de los cuatro, cuando Athelney Jones y Watson esperan la llegada de Holmes, pero en vez de a Holmes encuentran a un anciano que se empeña en ver al detective porque tiene una pista...
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Se oyeron fuertes pisadas escaleras arriba, acompañadas de muchos jadeos y bufidos como de un hombre a quien le cuesta mucho recobrar el aliento. El que subía se detuvo una o dos veces, aire en sus pulmones. Llevaba alrededor de la barbilla una bufanda de colores, y yo pude ver muy poco su cara, fuera de un par de ojos negros, de mirada penetrante, sombreados por unas tupidas cejas blancas, y largas patillas, también blancas. En conjunto, me produjo la impresión de un respetable y avezado marino cargado ya de años y venido a menos. |
| —¿Qué le trae, buen hombre? —le pregunté. |
| El visitante miró alrededor de sí de la manera lenta y metódica propia de los ancianos. |
| —¿Está aquí el señor Sherlock Holmes? —dijo. |
| —No; pero yo actúo en nombre suyo. Puedo darle cualquier mensaje que traiga para él. |
| —Es a él a quien yo tenía que dárselo —dijo. |
| —Ya le digo que actúo en nombre suyo. ¿Se trata de algo relacionado con la lancha de Mordecai Smith? |
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| —Sí. Yo sé muy bien dónde se encuentra. Y sé dónde se hallan los hombres que persigue. Y sé |
| dónde está el tesoro. Lo sé todo sobre el caso. |
| —Dígamelo entonces, y se lo comunicaré a él. |
| —Es a él a quien yo tenía que decírselo —repitió con la obstinación impertinente propia de toda |
| persona muy anciana. |
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de ninguno de ustedes dos, y no les diré ni una palabra. |
| El viejo caminó arrastrando los pies hacia la puerta, pero Athelney Jones se le plantó delante, y |
| le dijo: |
| —Espere un poco, amigo. Usted posee datos importantes y no debe marcharse de aquí. Le |
| guste o no le guste, se quedará aquí hasta que regrese nuestro amigo. |
| El anciano dio una carrerita hacia la puerta, pero viendo que Athelney Jones apoyaba contra ella |
| su ancha espalda, se convenció de que era inútil la resistencia, y gritó golpeando el suelo con su bastón: |
| —¡Bonita manera de tratarme es ésta! Vengo aquí para ver a un caballero, y ustedes dos, a |
| quienes no he visto nunca en mi vida, me sujetan y me tratan de esta manera. |
| —No perderá usted nada con ello —le dije—. Le recompensaremos por el tiempo que haya |
| perdido. Siéntese en aquel sofá, y no tendrá que esperar mucho. |
| El viejo se dirigió con semblante malhumorado hasta el sofá, tomó asiento en el mismo |
| apoyando la cara en sus manos. Jones y yo volvimos a nuestros cigarros y a nuestra charla. Pero súbitamente nos interrumpió la voz de Holmes, que decía: |
| —Creo que podrían ustedes ofrecerme a mí también un cigarro. |
| Los dos pegamos un salto en nuestros asientos. Holmes estaba sentado junto a nosotros, con |
| expresión tranquilamente divertida. |
| —¡Holmes! —exclamé yo-. ¡Usted aquí! Pero ¿dónde está el viejo? |
| -Aquí está el viejo-dijo, enseñándonos un montón de cabellos blancos que tenía en la mano-. Aquí está...: peluca, patillas, cejas y todo lo demás. Yo creía que mi disfraz era bastante bueno, pero no llegué a imaginarme que pudiera superar esta prueba
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En "Escándalo en Bohemia" usa el disfraz como algo vital para el caso, aunque finalmente, todo es en vano por culpa de la sagacidad de Irene...
Y para acabar también tenemos a estos dos travestidos... Como diría Moriarty; Jajejijoooo




















